sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi mundo.

Hola soy tu sonrisa y ahora te toca pasar un rato conmigo.
Hoy me encerré en el coche, necesitaba un poco de silencio para poder concentrarme, necesitaba estar en paz, en tranquilidad conmigo misma, necesitaba relajarme y no pensar en nada, dejar la mente en blanco, aunque parezca imposible, aunque cueste, lo conseguí. Me encerré allí dentro, intenté aclarar mis ideas, allí nadie me molestaba, allí no había nadie que se preocupase por mi. Cerré los ojos y mi mente se transportó a otro lugar, a otro sitio dónde tenían por norma sonreír, otro lugar dónde no hubiese gente triste, otro lugar dónde las preocupaciones no existiesen. Me puse los auriculares y puse una melodía tranquila, una melodía que me ayudó a desconectar completamente. Empecé a respirar con fuerza, empecé a imaginar todo aquello con lo que tanto he soñado y empecé a imaginar mil y una formas en las que podría conseguirlo. Empecé a creer más y más, empecé a pensar, a imaginar, el instante en el que mis sueños ya no fueran sueños, el instante en el que al fin, mis sueños, se convirtieran en hechos. Empecé a pensar en un mundo donde la gente falsa, la gente mala, la gente sin alma y sin corazón, tuviera un castigo ejemplar. Empecé a imaginar que en ese mundo, en mi mundo, no existirían ni las mentiras, ni el hambre, ni la pobreza. Llámame cursi, llámame soñadora. Lose, pero es algo que no puedo evitar, me meto en mi misma y las palabras salen solas. A veces sueño con que todos vivimos en ese mundo, otras veces sueño que ese mundo existe y este no. Todo sería más fácil así, ¿no? Realmente a veces lo dudo, pues para apreciar lo bueno debemos tastar lo malo. Si te dan oro desde el principio jamás apreciarás el bronce. Tienes que aprender a apreciar la esencia de la vida, aprender a diferenciar entre "bueno" y "malo". Aprender que lo más importante no es el dinero, sino la felicidad.
De repente empecé a oír un ruidillo, enseguida lo asocié con un ritmillo. Pensaba que venía de mi cabeza pero al abrir los ojos vi que me equivocaba. Estaba diluviando, a mi alrededor lo único que se veía era agua. Era como cuando vas al acuario y pasas por el pasillo de lo tiburones, pues igual. Parecía increíble. Dicen que la lluvia deprime, lo cierto es que a mi me fascina. A mi la lluvia me aporta esperanza. Si, esperanza. Esperanza porque se que cuando la tormenta cese, el sol nos alumbrará con sus rayos. Despertar con los rayos del sol posandose en tu cara es el mejor de los sueños.
Ceso la lluvia, cogí una bocanada de aire, abrí la puerta del coche y la solté.
Salí de allí con ímpetu, con ganas de seguir, pues esta pequeña reflexión me hizo sonreír.

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