Hay gente que con solo mirarte es capaz de saber como te sientes, qué te pasa, por qué no sonríes o simplemente qué necesitas. Pero hay otra gente que por mucho que te mira no te ve. No buscan conocerte, no buscan saber de ti. Serás esa chica "guapa" con la que se cruzaron en aquella estación de metro, o esa sonrisa tímida que les saludó desde el andén contrario. No serás más que un tímido "buenas tardes" que se les sentó al lado en aquel metro. Te olvidarán, porque no emplearon el tiempo suficiente en mirarte para poder recordarte después. Nos convertimos diariamente en recuerdos borrosos. Nos cruzamos con cientos de personas al día las cuales en un 88% de veces no nos conocen. Tampoco se molestarán en hacerlo, nos han enseñado que hablar con extraños está mal, por eso no miraremos a los ojos a alguien no conozcamos durante más de dos segundos. Por eso nunca llegaremos a ser amigos de esa persona con la que coincidimos cada mañana en el metro de ida. Por eso nunca llegaremos a quedar con ese chico que nos sonríe cada vez que pasa a nuestro lado en la estación. Y es gracioso porque cada vez que subo a un metro me fijo en mi alrededor, juego a averiguar cual será la vida de cada persona y por qué estarán sentados en el mismo metro en el que estoy yo. Mientras ellos miran las pantallas de sus móviles obsesionados yo me dedico a mirar más allá de lo que cualquiera podría ver.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Miradas.
Hay gente que con solo mirarte es capaz de saber como te sientes, qué te pasa, por qué no sonríes o simplemente qué necesitas. Pero hay otra gente que por mucho que te mira no te ve. No buscan conocerte, no buscan saber de ti. Serás esa chica "guapa" con la que se cruzaron en aquella estación de metro, o esa sonrisa tímida que les saludó desde el andén contrario. No serás más que un tímido "buenas tardes" que se les sentó al lado en aquel metro. Te olvidarán, porque no emplearon el tiempo suficiente en mirarte para poder recordarte después. Nos convertimos diariamente en recuerdos borrosos. Nos cruzamos con cientos de personas al día las cuales en un 88% de veces no nos conocen. Tampoco se molestarán en hacerlo, nos han enseñado que hablar con extraños está mal, por eso no miraremos a los ojos a alguien no conozcamos durante más de dos segundos. Por eso nunca llegaremos a ser amigos de esa persona con la que coincidimos cada mañana en el metro de ida. Por eso nunca llegaremos a quedar con ese chico que nos sonríe cada vez que pasa a nuestro lado en la estación. Y es gracioso porque cada vez que subo a un metro me fijo en mi alrededor, juego a averiguar cual será la vida de cada persona y por qué estarán sentados en el mismo metro en el que estoy yo. Mientras ellos miran las pantallas de sus móviles obsesionados yo me dedico a mirar más allá de lo que cualquiera podría ver.
Ahogada.
Tres minutos de interminable silencio. Ciento ochenta segundos en los que te planteas si seguir respirando merece la pena. Mientras a casi cuatro metros de profundidad te desinflas como un globo soltando el aire que todavía te queda dentro, rozas con los dedos de los pies las algas del fondo de esa gran mentira. Desde el primer hola hasta la última ola que te separó de él. La corriente os acercó, haciendo saltar chispas, que pena que fueras tú quien resultó electrocutada y no él... El viento agitándote el pelo mientras él te contemplaba cual tiburón vigilando una presa, merodeando a tú alrededor. Te cazó, te hizo suya hasta tal punto que la única escapatoria era esa, ocultarte bajo el mar de mentiras, dudas y verdades nunca dichas que te atrapaba. Ahogándote poco a poco entre tantas cosas que no entiendes, con los ojos abiertos bajo unas aguas demasiado saladas, casi ácidas. Cegada por la desesperación de no comprender nada, perdiendo aire a cada segundo que desciendes un centímetro más. Fusionándote con la realidad difusa que has vivido durante meses, desapareces. Cierras los ojos y escupes la última pizca de aire que te queda, como si él te hubiese obligado a hacerlo. Abrir los ojos y despertar en la orilla de alguna playa, tu único objetivo, tu única escapatoria.
martes, 16 de septiembre de 2014
Vuelvo.
Llevo demasiado tiempo sin decir nada de lo que pienso, sin escribir nada de lo que siento. Ahora mismo tengo tantos pensamientos, tantas ideas y opiniones golpeándome la cabeza tan fuerte, intentando salir a fuera, que no me aclaro. Lucho por decir algo con sentido, por aclararme de una vez. Lucho por entender lo que yo misma intento decir. Voy perdida, saturada. Te dicen que hables pero no te escuchan. Te dicen que van a estar ahí, pero no están. Te dicen que si estás mal les llames, pero no te oyen gritar. La paciencia no es infinita pero el silencio sí, y puedo estar callada durante mucho tiempo. Hay gente que se ahoga con las palabras que nunca dice, yo soy más de atragantarme por intentar decirlas todas a la vez y acabar por no decir ninguna. Es más sencillo callarse y asentir cuando alguien te pregunta si estás bien, a explicarle por que hoy no te da la gana seguir fingiendo una sonrisa de oreja a oreja. Intento coger bocanadas grandes de aire con las que rellenas los huecos vacíos, pero no es fácil. La confianza da asco, sobre todo cuando confías en personas que te fallan. Odio que el corazón se me encoja cada vez que alguien me abraza, por miedo a que ese abrazo sea el último. Odio hablar todos los días con una persona y que de repente, porque sí, perdamos el contacto como quien pierde el último tren del día. Y ahora, perdida entre ideas nada claras, intento volver a mi y en silencio, camino sin rumbo pensando en no pensar más.
viernes, 8 de agosto de 2014
Fuego.
Hablo de arder, pero no de arder como arde la pasión sino de arder como arde el odio. El odio te abrasa por dentro transformando en rabia todas esas palabras que te callas por no aumentar la pelea. Rabia que se consume en tus nudillos mientras impactan con la pared. El odio infiltrado en tus venas recorre tu organismo hasta volver al corazón, destrozando todo lo que ve a su paso; sonrisas, recuerdos, miradas, sentimientos... Todo reducido a cenizas que aún arden. Quemado por dentro aspiras una fuerte bocanada de aire que parece calmar el incendio. La mantienes dentro unos segundos tratando de encontrar esa paciencia que ya no te queda y la sueltas, escupiendo aire cargado de basura y de dolor. Sonríes para fingir que estás bien como de costumbre, das la razón como a los tontos, asientes sin cesar... Pero sabes que el pulso se te está volviendo a acelerar, que los nervios le están ganando a la paciencia, que ahora mismo eres como una bomba de relojería y en cualquier momento podrías explotar. Necesitas estar solo. Pagas con la pared unos cuantos problemas, le gritas a quien no toca otros pocos, te separas de quien no tiene la culpa y te olvidas de quien te apoya. Soledad se llama a lo que necesitas. Porque a una bomba o le cortas el cable adecuado o estalla. Y sabes que como alguien se equivoque, las consecuencias pueden ser demoledoras. Cierra los ojos y respira, ahora toca limpiar las cenizas y empezar a replantar de nuevo.
jueves, 31 de julio de 2014
Sonríe.
La felicidad es el secreto más bien guardado de la vida y nadie lo ha descubierto aún. Mucha gente se ha acercado, mucha gente cree que lo sabe, pero no. La felicidad es la efímera como un suspiro. No puedo explicarte como estar feliz, pero sí como no estar triste. Empieza por sonreír, una sonrisa te abrirá demasiadas puertas. No hay nada como esa sensación que invade tu cuerpo cuando alguien te devuelve una sonrisa. Abraza más y besa menos. Siente más y habla menos. Demuestra más y di menos. Intenta ser la parte feliz de ti mismo, la cara alegre. Demuéstrale al mundo que eres de esas personas que te saca una sonrisa con solo decirte "Hola". Si transmites alegria, aunque no estés en tu mejor momento, esa alegría se te acabará contagiando, porque al final nos convertimos en lo que fingimos ser. Y no olvides esto: "la felicidad es un estado mental, y como todo, necesita práctica. Dedica cinco minutos del día a sonreír y al final te saldrá solo".
miércoles, 30 de julio de 2014
Cobarde.
¿Como puedes mirarte al espejo y no sentirte culpable? ¿Como puedes caminar cabizbajo y no consumirte? Admiro tu forma de afrontar los problemas, yo sería incapaz de hacerlo igual. Alucino con tu manera de tomarte las cosas, como en silencio te deshaces. Te encierras en tu cuarto y te quemas por dentro, piensas una y otra vez en todo, le das vueltas hasta que tú mismo te hundes, tú mismo te lanzas de cabeza a un pozo sin fondo en el que te ahogas. Porqué tú eres el único culpable de no estar sonriendo ahora mismo. Porque prefieres caminar cabizbajo y triste, a levantar la cabeza y observar el paisaje. Porque tú eres el que elige callarse y tragarse todo lo que piensas en vez de solucionar los problemas, porque prefieres ahogarte con las palabras que no dices a soltarlas. Porque prefieres desaparecer a plantarle cara a la vida, porque eres un cobarde y te admiro por ello, básicamente porque no se como puedes vivir así, porque no entiendo como puedes vivir sin intentar ser feliz. jueves, 24 de julio de 2014
Culpables.
Duele, como el puñal de la amistad que se te clava en la espalda. Desgarra, como la estaca del amor que te atraviesa el pecho. Sangra, como la herida abierta del perdón, perdonas pero no olvidas. Molesta, como el padrastro de la duda. Mata, como el cáncer de la mentira. Es difícil arrodillarte para atarte los cordones cuando de tanto caer tienes las rodillas moradas. Esos moretones en tus brazos no deberían ser normales, así que no los compararé con nada. Cuesta creer en alguien, cuando nadie antes ha creído en ti. Ahoga, como la soga de los celos incomprendidos apretándote el cuello. Derriba, como el puñetazo de un lo siento sin sentirlo en toda la cara. Rompe, como la paliza de un "te quiero" cada noche al volver a casa borracho. Hunde, como los insultos de los "No volverá a pasar" después de pegarte. Deprime, como esas camisetas de manga larga en verano en verano ocultando los golpes. Nada volverá a ser como antes. Inmersa en un mar sin fondo, empiezas a hundirte, a ahogarte, a perder la noción de las cosas. Cegada por el amor o más bien por el miedo aguantas. Te pide otra oportunidad y tu coges una bocanada más de aire y vuelves a hundirte, la diferencia es que esta vez será para siempre, la diferencia es que esta vez no tendrás la oportunidad de volver a coger aire y, sin avisar, te ahogaras, pero esta vez la culpa la tendrás tú, por haber vuelto a confiar en él.
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